"El logro de la Paz"



"Nada real puede ser amenazado. Nada irreal existe. En esto radica la paz de Dios."



Este es el resumen que de sí mismo hace Un Curso de Milagros en su introducción. Sin embargo, no parece posible que podamos alcanzar la paz en este mundo. Ni a nivel personal, familiar, o político. Si examinamos la historia de la humanidad, vemos que el conflicto, la guerra y la desdicha han sido nuestros acompañantes. Ciertamente todos hemos tenido momentos de felicidad, de tranquilidad, pero estos por lo general no han perdurado. La vida nos presenta continuamente situaciones que no parecen estar bajo nuestro control. Las relaciones personales, en especial, son la fuente de nuestros mayores sinsabores. La integridad no parece estar de moda, las relaciones son tan desechables como las servilletas de papel, la lealtad es una panacea, el miedo rige nuestras decisiones y nuestra palabra no tiene ningún valor. Observando este panorama, no parece realista que la paz se pueda lograr. Sin embargo, esa es la meta de Un Curso de Milagros. Y la razón de que la paz sea su declarado objetivo es que sólo en el estado de paz podemos recordar no tan solo nuestra verdadera Identidad, sino también a nuestro Creador. El conflicto es la base del mundo que vemos. Y aunque muchas de nosotros nos hemos dedicado seriamente al logro de la iluminación, la liberación, o como se le quiera llamar, pocos nos damos cuenta de que la paz no es tan solo la meta, sino el camino en sí.
Un Curso de Milagros afirma que para lograr la paz ésta tiene que convertirse en lo único que deseamos. Mientras deseemos la paz, y al mismo tiempo deseemos otras cosas, la paz será algo pasajero. Y también lo será la felicidad, pues la paz es felicidad. De hecho, no hay otra felicidad que la paz. La paz es la máxima dicha. Y todos deseamos ser felices, pero muchos buscamos esa felicidad fuera de nosotros, en posesiones, en objetivos mundanos, en cosas transitorias, en otra gente. Y todo eso nos fallará. Todo.


Aquí nada es permanente. A todo le llega su fin. Y aunque esto puede verse de tal manera que nos produce tristeza, también puede verse como la mayor bendición, ya que implica que nada aquí es real, pues la característica de lo que es real es que es eterno. Y si lo que vemos no es real, podemos liberarnos, escaparnos de su agarre. Todo el poder que este mundo parece tener sobre nosotros se lo hemos dado nosotros mismos. Nada puede realmente afectarnos salvo nuestros propios pensamientos. Nada tiene poder sobre nosotros. No hay lugar o tiempo donde podamos sufrir. Esto ciertamente no es fácil de entender o admitir, ya que nuestras experiencias aquí, en nuestra identificación con el falso yo, apuntan a lo contrario. Pero es la experiencia de todos aquellos que finalmente se han iluminado. Somos libres, y siempre lo hemos sido.
Nunca perdimos la paz, pues ese fue el estado en que fuimos creados, y si la paz fuera algo externo a nosotros, jamás la podríamos hallar. Lo que perdimos fue nuestra conciencia de ella, Ahora se tiene que convertir en aquello que deseamos por encima de todo. Y el camino que nos lleva a ese logro es el del perdón. No podemos tener paz sin el perdón. Esa es la razón de que el perdón sea la base fundamental del Curso, pero no se trata del perdón del que el mundo habla. El verdadero perdón es saber que nadie jamás nos ha hecho nada. Esto se puede entender intelectualmente, pero llegar a vivir desde esa perspectiva es la verdadera liberación, y por ende, el umbral a la paz. El perdón, para que sea más que un simple ejercicio mental, tiene que ser un camino para ti. En otras palabras, perdonar es una decisión que tú tomas. Es decidir que vas a perdonar todo no importa qué. Perdonar implica que estás dispuesto a ver las cosas de otra manera. Esa es tu contribución a la felicidad que anhelas, ya que implica que deseas la paz por encima de todo.